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El traductor público del siglo XXI

Nota publicada originalmente en Revista CTPCBA n.º 121.

[Tiempo estimado de lectura: 8.11 min]

Me costaba mucho decidir qué carrera iba a estudiar. Durante toda mi adolescencia, había sido una persona muy cambiante. Solía tener fanatismos que iban más allá de lo normal, pero que solo duraban tres meses. Sin dudas, ese era el mayor riesgo que enfrentaba a la hora de decidir qué estudiar dado que temía dejar la carrera no bien ingresase. Finalmente, como desde chico era bastante nerd y la tecnología había sido la única pasión constante en mi vida —junto con mi pasión por el idioma inglés—, me decidí a estudiar la carrera de diseño multimedial. Duré seis meses.

MorónEra un año difícil el 2001, así que me dediqué a mi trabajo administrativo en relación de dependencia, en el cual estuve siete años, y en 2002 volví a plantearme qué seguir. Me hice la misma pregunta sobre cuáles eran mis pasiones de toda la vida que se habían mantenido intactas y en seguida supe que debía estudiar algo relacionado con el idioma inglés. Por aquel entonces, era demasiado tímido como para estudiar profesorado, así que llegué al traductorado público en la Universidad de Morón. Al poco tiempo, tuve la suerte de poder participar como asistente del IV Congreso Latinoamericano de Traducción e Interpretación del CTPCBA y me enamoré para siempre de esta profesión.

Durante mis años de estudiante, diversas investigaciones para la carrera me llevaron a darme cuenta de que la traducción le tenía reservado un lugar privilegiado a la informática, pues, prácticamente, van de la mano. Muy pronto comencé a interesarme en todo lo relacionado con la informática aplicada a la traducción y así, leyendo e investigando, y gracias a colegas profesionales expertos que la vida me regaló, me especialicé en este área. Quién hubiera pensado, allá por 2002, que en el 2010 estaría tomando una cátedra de informática aplicada a la traducción en la UMSA como profesor titular del traductorado público. Ciertamente, yo no. Pero así es la realidad del traductor público del siglo XXI.

LitteraeEntre medio, pasaron muchas cosas. La primera y más importante fue que mis trabajos iniciales de traducción fueron para The Golf Channel, como subtitulador. Sí, me la pasaba leyendo revistas de golf y mirando por televisión un deporte totalmente desconocido para mí en ese entonces. También, comencé a trabajar para varios clientes que me enviaban traducciones de ingeniería eléctrica, mecánica y electromecánica, y me especialicé en esos campos. Y, como siempre fui inquieto, también me recibí de corrector internacional en la Fundación Litterae. ¿Y la traducción pública? Pues no ocupa un lugar importante en mis ingresos como traductor, aunque sí es un área en la que no dejo de investigar y trabajar, con menos frecuencia que en otras áreas. Sin embargo, mi realidad profesional me lleva a dedicarme a la traducción audiovisual, a la traducción técnica y a la enseñanza de aplicaciones informáticas.

¿Y por qué cuento todo esto? Porque, aunque haya sido una introducción un poco extensa, mi experiencia personal, que de seguro será muy similar a la de muchos colegas y que puede ser a lo que apunten muchos futuros colegas —por la diversidad de áreas y no porque hagan lo mismo que hice yo—, es lo que me da el puntapié para hablar de este tema: la realidad del traductor público actual, desde mi punto de vista.

Una profesión, muchos caminos

No voy a hablar de la globalización y lo mucho que ha cambiado el mundo en los últimos 15 años, porque es algo que todos sabemos y experimentamos día a día, pero lo cierto es que el cambio mundial que se produjo modificó a muchas profesiones, y la traducción no quedó exenta. Se abrieron muchos campos de trabajo nuevos y, aunque la carrera de traductor público sigue teniendo un altísimo nivel de matriculación (incluso más alto que en el pasado), los futuros profesionales no están interesados solo en los ámbitos de traducción que puedan encuadrarse en la traducción pública o estrictamente legal o jurídica; es más, en muchos casos no están interesados directamente en estas, pero sí en obtener, primero, una excelente formación en traducción profesional y luego acceder a una matrícula que les permita ser parte de la institución de traductores más grande de América Latina.

Asimismo, los futuros traductores están interesados en otros rubros, además de aquellos que impliquen traducción pública y, aunque no sean frecuentes sus legalizaciones, muchos nuevos traductores públicos deciden matricularse en el CTPCBA, participar en las actividades, comisiones o cursos por la importancia del Colegio como institución en sí misma, pero casi no legalizan traducciones en todo el año. Y esto también se da en traductores con muchos años de matriculación y experiencia, como un colega amigo y profesor que me enseñó a hablar de «traductores profesionales» a la hora de referirse a nuestros colegas. Por eso es que, sin dudas, creo que los traductores públicos tenemos una gran ventaja por sobre otros traductores profesionales: el Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires.

El presente y el futuro de la profesión

A continuación, me referiré brevemente a cómo encaran las universidades la formación de los traductores públicos del siglo XXI (lo cual avala mi visión desde el aspecto académico). Luego, me adentraré específicamente en cuáles son las áreas de trabajo más importantes que presenta la actualidad de los traductores públicos.

¿Qué se enseña en las universidades?

ppfEn los currículos de actualizaciones más recientes, ya se pueden ver algunas de las áreas de la traducción que analizaremos más abajo, como la traducción audiovisual, y, en gran parte de los planes, tenemos el componente de la traducción literaria y la traducción científico-técnica, lo cual ya habla por sí solo de la clase de profesionales que se están formando hace años, profesionales con gran conocimiento del ámbito jurídico y de la traducción jurídica, pero con formación en parte de las otras áreas laborales. Otro aspecto importante para destacar es que en algunas universidades la informática aplicada a la traducción ya forma parte de las asignaturas obligatorias y, en otros casos, aparece entre las materias optativas. Esto demuestra un reconocimiento por parte de algunas universidades de la importancia de un elemento básico para el ejercicio profesional. Además, algunas de las universidades más interesadas en el cambio ya están pensando en planes de posgrado que incluyan las nuevas tecnologías y otras incumbencias actuales del traductor profesional.

¿Cuáles son las áreas de interés del traductor público del siglo XXI?

Ahora sí, pasemos finalmente a un análisis de cuáles son los campos de trabajo en los varios de los traductores públicos se interesan en la actualidad. Un detalle importante de esta sección es que algunos de los campos que mencionaré aquí, evidentemente, no son nuevos dentro de las incumbencias del traductor público profesional, pero solían ser campos de trabajo en donde la mayoría de los profesionales que trabajaban en ellos no eran traductores públicos.

Nuevas tecnologías. Trados. Trados. Trados. La mayoría de los estudiantes o recién recibidos no tienen otra cosa en la cabeza. Esto ocurre porque hay una enorme falencia de enseñanza de informática aplicada a la traducción en casi todas las universidades del país. Por lo tanto, al enfrentarse al mercado por primera vez, lo que piensan los noveles es que tienen que aprender a usar ese software. Y tanto no se equivocan, pero lo que no saben es que, antes que SDL Trados Studio, deben lograr un amplio conocimiento de la informática, especialmente en Microsoft Word. Asimismo, necesitan aprender a utilizar Wordfast y/o memoQ (este último incluso puede ser más importante que el propio Trados) y el amplio espectro de las herramientas informáticas, desde software de OCR hasta software específico para campos como la localización o la traducción audiovisual. En definitiva, es obligatorio estar al tanto de las nuevas tecnologías, ya sea por pasión y especialización personal, o para mejorar ampliamente el trabajo profesional.

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Sin dudas, el tema de la informática aplicada a la traducción es de gran relevancia por muchos factores y un factor no menor, que es imposible de analizar en profundidad en un párrafo, pero que vale la pena mencionar, es el de la promesa constante de muchas agencias de traducción argentinas: «No te preocupes por lo poco que te voy a pagar, en mi agencia vas a aprender a usar Trados y eso lo compensa». Más allá del debate de las agencias, muchos noveles caen en este cuento dado que en casi todas las universidades aprenden muy poco o nada sobre herramientas informáticas, y aquí vale destacar que no se trata de enseñar específicamente un software, sino de introducir a los alumnos al mundo de la informática aplicada a la traducción para que estos luego elijan el camino de la capacitación adicional a la universitaria (incluso muchos pueden ser autodidactas gracias a la enorme cantidad de material instructivo que existe en la web).

Localización. Luego de hablar de las tecnologías, saltamos casi por lógica a la localización. Este es, indudablemente, uno de los campos nuevos más interesantes debido a su amplitud. Los profesionales traductores pueden especializarse en localización de páginas web, en localización de software o en localización de videojuegos que, en los últimos dos años, se ha vuelto en uno de los puntos de interés más grandes para los estudiantes del traductorado público. Aquí, el campo laboral es muy grande, pero requiere de mucha especialización posuniversitaria; no obstante, ya se ha convertido en un área de la traducción que también atrae a muchos traductores públicos de varios años de matriculación.

filTraducción audiovisual. El contacto diario con los estudiantes de la carrera de traductorado público, ya sea en la universidad o en los cursos de traducción audiovisual que dicto en el país, hace que no tenga dudas al decir en que esta es el área de todas las que se separan de la traducción jurídica que más interés genera en los estudiantes y en los traductores noveles. El cine y la televisión son la pasión de muchos, y la indignación constante por la mala calidad que se ve en la pantalla chica y en la grande hace que los jóvenes tengan ganas de sumarse al mundo de profesionales que intentan mejorar la calidad de las traducciones audiovisuales. Por otra parte, la traducción audiovisual abarca, en sí misma, muchas ramas: doblaje, subtitulación, audiodescripción, rehablado, subtitulación para sordos, entre otras. Algunas de estas ramas ya existían en el pasado y algunos traductores públicos trabajaban en ellas, pero la cantidad de profesionales dedicados a esto aumentó exponencialmente (de la mano de un enorme aumento en la cantidad de trabajo en el rubro) y una buena prueba del interés de los matriculados en esta incumbencia es la Comisión de Artes Audiovisuales, que existe en el CTPCBA desde 2009, y que convoca a cientos de asistentes en sus jornadas anuales.

Traducción de videos institucionales. Esto podría estar en el punto anterior, pero lo cierto es que muchos de los traductores públicos que reciben de sus clientes propuestas de traducción de videos institucionales (cada vez más comunes en esta era digital) no han tenido previamente ningún contacto con la traducción audiovisual en sí y, en general, suelen tener que derivar este tipo de trabajos, ya que no implica solo traducir, sino también generar videos finales con los subtítulos incorporados para subir a la web o incluso servir de nexo con empresas de doblaje (y hasta ofrecer ese mismo servicio sumado a la traducción). No obstante, es un área en la que uno se puede preparar para poder así ampliar el abanico de posibilidades laborales, sin adentrarse en el mundo del cine y la televisión. Y es importante tener en cuenta que, gracias a internet, y a algunos de sus servicios como YouTube, y a la necesidad de muchas empresas de estar partícipes en el mundo digital, cada vez más videos llegan a las manos de los traductores profesionales.

Corrección. Si bien esta es un área donde hay muchos profesionales correctores que no son traductores públicos, sino licenciados en letras o solo correctores, en estos últimos diez años se ha visto un creciente interés de los profesionales por la lengua española. Los cursos o carreras de español, por ejemplo en la Fundación Litterae o en el propio CTPCBA, cada vez tienen más traductores entre sus inscriptos. Muchos de ellos utilizan lo aprendido solo para mejorar la calidad de su trabajo, pero otros van más allá y hacen de la corrección, tanto de traducciones como de textos redactados en español, una especialización más dentro de sus posibilidades laborales.

requerimientos-cientificosTraducción literaria y técnico-científica. Para terminar con las especializaciones, hablaremos de una vieja conocida de todos los planes de estudio, y de la traducción, desde su nacimiento como profesión. La traducción literaria ocupa un lugar de importancia en el corazón de muchos traductores públicos, aunque no son muchos los que se dedican a ella profesionalmente. En contraposición, la traducción técnico-científica, en cualesquiera de sus cientos de ramas, es, sin lugar a dudas, el área de la traducción no pública que más tiempo ocupa a gran parte de los traductores públicos desde hace muchísimos años. En muchos casos, como me pasó a mí, la especialización técnica viene sola, pero también hay muchos traductores públicos que desarrollan una pasión por la medicina, por ejemplo, y se anotan en cuanto curso encuentran y leen hasta el hartazgo para convertirse en especialistas. No tengo que explayarme mucho más en esto porque, desde siempre, esta ha sido la rama no jurídica que más adeptos tiene. Todos conocemos a un traductor público especializado en traducción médica, en traducción de ciencias sociales o en traducción de ingeniería.

A mi entender, todo lo antedicho demuestra que la profesión ha cambiado mucho en estos últimos años. Y, por su parte, el CTPCBA acompaña esos cambios dando cabida a muchas de las nuevas especializaciones, tanto desde el seno del propio Colegio, con la Comisión de Traducción Literaria o la Comisión de Recursos Tecnológicos, por ejemplo, como en el aspecto académico, en los cursos, jornadas, encuentros y congresos. Esto hace que la institución esté siempre a la vanguardia y acompañe a los profesionales traductores públicos en su realidad de mercado.

En la universidad, los traductores públicos aprendemos a ser traductores profesionales, por sobre todas las cosas y no tengo ninguna duda de que el traductor público sigue siendo garante de la seguridad jurídica, pero se ha permitido abrirse a otros campos, de lo más diversos, en especial en los últimos quince años. Y esto es, indiscutiblemente, lo más maravilloso que tiene nuestra profesión: poder pasar de un tipo de texto a otro, incluso más de una vez, en un mismo día laboral. En esta carrera, más que en cualquier otra, en la diversidad está la felicidad y la certeza de haber elegido la más hermosa de todas las profesiones.

Damián Santilli

 

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